martes, 11 de noviembre de 2008

21ra Conferencia: Desarrollo Libidinal y Organizaciones Sexuales.

Existe una gran diferencia entre Sexualidad Infantil y Genitalidad, mientras que la sexualidad infantil hace referencia a la excitabilidad de cualquier zona erógena del cuerpo, la genitalidad se refiere a la excitación de la zona genital en sí. La sexualidad infantil carece de centramiento en cuestiones pulsionales, las diversas pulsiones parciales tienen iguales derechos y cara una persigue por su cuenta propia el logro de placer.

Desde el 6to al 8vo año de vida en adelante se observan una detención y un retroceso en el desarrollo sexual, que, merecen el nombre de período de latencia. Las vivencias y mociones anímicas anteriores, son víctimas de la amnesia infantil. En todo psicoanálisis se plantea la tarea de recobrar en el recuerdo ese período olvidado.

Desde el 3er año de vida, la sexualidad del niño muestra mucha semejanza con la del adulto; se diferencia de esta, por la falta de una organización fija bajo el primado de los genitales, por los inevitables rasgos perversos y por intensidad.

La conformación de la vida sexual del niño antes de que se instaure en el primado de los genitales, se prepara en la primera época infantil, la anterior al período de latencia. Esta es una organización llamada Pregenital. Se sitúan en esta fase las pulsiones sádico-anales, la oposición entre masculino y femenino no desempeña todavía papel alguno, ocupa su lugar la oposición activo y pasivo. Lo que nos parece masculino las consideramos, una pulsión de apoderamiento que fácilmente desborda hacia lo cruel. Aspiraciones de meta pasiva se anudan a la zona erógena del orificio anal, las pulsiones de ver y saber despiertan con fuerza en esta etapa. Los genitales participan solo en su papel de órganos para la excreción de orina.

Por detrás de la fase sádico-anal del desarrollo libidinal obtenemos todavía la visión de una etapa de organización más temprana, en que la zona errónea de la boca desempeña el papel principal, la fase oral.

Algunos de los componentes de la pulsión sexual tienen desde el principio un objeto y lo retienen, como la pulsión de apoderamiento (sadismo), y las pulsiones de ver y saber. Otras, están anudadas a zonas del cuerpo, lo tienen solo al comienzo mientras se apuntalan en las funciones no sexuales. Así el primer objeto de los componentes orales de la pulsión sexual es el pecho materno, que satisface la necesidad de nutrición. La pulsión oral se vuelve autoerótica.

el resto del desarrollo tiene dos metas: a) abandonar el autoerotismo, b) unificar los diferentes objetos de las pulsiones singulares, sustituirlos por un objeto único. Llamamos entonces a la madre el primer objeto de amor. Para la época en que la madre deviene objeto de amor, ya ha empezado en el niño el trabajo psíquico de la represión, que sustrae de su saber el conocimiento de una parte de sus metas sexuales. El varoncito quiere tener a la madre para él solo, siente como molesta la presencia del padre, se enfada cuando este se permite ternura hacia la madre. El mismo niño da muestras en otras oportunidades de una gran ternura hacia el padre, solo que semejantes actitudes afectivas opuestas, -ambivalentes- conviven muy bien el niño y no en el adulto.

Con las necesarias modificaciones, las cosas son en un todo semejante en el caso de la niña pequeña. La actitud de tierna dependencia hacia el padre, la sentida necesidad de eliminar a la madre y ocupar su lugar.

En la época de la pubertad cuando la pulsión sexual plantea sus exigencias por primera vez en toda su fuerza, los viejos objetos familiares e incestuosos son retomados e investidos de nuevo libidinosamente. En esta se despliegan procesos afectivos muy intensos, que siguen el mismo rumbo del Complejo de Edipo o se alinean en una reacción frente a él. Desde esta época en adelante, el individuo humano tiene que consagrarse a la gran tarea de desasirse de sus padres.